jueves, 5 de mayo de 2011

Capitulo ocho. "Miedo a perderte"

Cuando me desperté me dolían los ojos y vi que me había quedado dormida mientras lloraba porque estaba vestida igualmente que anoche. Agarré mi celular y tenía unas cuantas llamadas perdidas de Gonzalo.
Me duché rápidamente y me puse mi pijama. Era sábado a la mañana y no pensaba salir, asique me conecté a Facebook y me puse a buscar a la tal Mia Talerico. Miré todas sus fotos, obviamente sin agregarla y vi que se escribía frecuentemente con un tal “Principe Pintita” supuse que sería Fernando y según lo que se ponían parecía como una relación oculta.
Mi celular sonó cuando era casi el mediodía. Era Nancy.
-          ¿Hola?
-          ¿Male?
-          Si, si. Nancy, ¿Todo bien?
-          Si, yo si. Pero… ¿Gonzalo?
-          No se. Anoche nos peleamos y yo me fui de la fiesta.
-          Ay, no. Llegó hace un rato, borracho, con… una chica.
-          ¿Qué?
-          Si, perdón que te lo diga, pero llegó con una chica. Yo no me animo a entrar a su cuarto. Supongo que estará durmiendo,  yo estoy en el taller, no toques timbre, entrá directamente.
-          No, está bien Nancy, gracias. En un rato estoy allá.
Miles de cosas pasaban por mi cabeza, pero antes de pensar cosas malas, pensé:
-          Mi mamá es cornuda – Y comencé a reír sola a carcajadas mientras me cambiaba.
Evidentemente no estaba mal, estaba mirando las cosas en positivo, en realidad, no en positivo, sino graciosamente aunque en mi interior sabía que la cornuda en esta historia era yo y que Gonzalo me había engañado.
Me puse una camisa blanca, un jean claro con ojotas blancas y mis grandes lentes de sol negros. Me hice una trenza cocida con mi pelo planchado, bajé, saludé a mamá y partí rumbo a la casa de Gonzalo en taxi.
Como me había indicado Nancy, al llegar, entré a la casa sin tocar la puerta, tratando de hacer el menor ruido posible. Vi de espaldas a una mujer sentada en el sillón color marrón chocolate de la casa de los Higuaín. Estaba sola y no veía rastros de que tuviera una compañía, entonces, entré a la cocina por la parte de atrás así podía ver la cara de la misteriosa chica.
Me escondí detrás de la pared que daba al living observando la cara de la chica, que me pareció conocida… ¿Era…? No puede ser… ¿Es…? ¿Ella…? Si, no tenía dudas, era ella. Era Mia.
-          Holaaaaa. – Dije mientras me sacaba mis lentes.
-          ¿Hola? – Saludó ella extrañada.
-          ¿Vos sos?
-          Eh… Mia…Y… ¿Vos…?
-          Podríamos decir… una amiga.
-          Ah… ¿Vos buscas a Lau?
-          Eh, no precisamente. Venía a ver a Gonzalo
-          ¿¡A GONZALO!?
-          Si, ¿Por qué tanto asombro?
-          ¿Gonzalo está acá?
-          ¿No sabías?
-          Pero Lautaro me dijo que… - Dudó y se quedó callada.
-          Bueno, voy a verlo. – Ella me miró rebajándome y yo subí las escaleras triunfante. Un paso más. La chica que me había hecho cornuda, no era Mia. En camino a la habitación de Gonzalo me encontré a Lautaro bajando las escaleras.
-          ¿Ya conociste a mi novia? – Era obvio que ella no era su novia.
-          Puf, ¿Novia?
-          Si. – Afirmó, haciéndose el importante.
-          Jajajajaja, dejate de joder Lautaro, no me rompas las pelotas. Preguntale a tu “novia” si conoce a Fernando Gago. – Él me miró desconcertado y yo continué subiendo las escaleras al cuarto de Gonzalo.
Abrí lentamente la puerta de su habitación y estaba sentado al lado de su cama con el celular en la mano, llorando.
-          Nena, mi novia no me atiende el celular, ¿Qué voy a hacer? – Dijo entre lágrimas. – Yo le dije a la rubia que quería seguir tomando, que no me traiga a mi casaaaaa… - Y volvió a llorar.
-          Mmm… Gonzalo… Que divina borrachera que tenés.
-          Mentiraaaaaaaa, si yo no estoy en pedo – Llorando.
-          A ver mi amor, ¿Cómo llegaste acá?
-          Me trajo la rubia.
-          ¿Qué rubia?
-          Y… no se, porque mi novia dice que yo estoy con gatos y no estoy con gatos, yo la amo a ella, pero ella no me creeeeeeeeeee… - Sin dejar de llorar
-          Bueno, tranquilizate. – Busqué mi celular del bolsillo de mi jean y lo prendí. Tenía muchas llamadas perdidas de Gonzalo y una de un número desconocido. – Gonza, ¿No me querés esperar, un segundito, y te traigo un poco de agua?
-          Pero no puedooooooooo…
-          Si que podés. – Fui al baño, tomé el vaso que había sobre el tocador, lo llené de agua y volví al cuarto de Gonzalo.
-          No quiero agua. – Negó haciendo puchero como un nene.
-          Yo no te dije que fuera para tomar. – Me agaché junto a él y le tiré el vaso de agua en la cara.
-          ¿Qué hacés enferrrr…? – Ahí por fin se dio cuenta de lo que estaba pasando. - ¿Male?
-          ¿Gonzalo? ¿Ahora si estás consiente?
-          Algo. Me duele la cabeza…
-          Mejor dormí y después hablamos. – Él se miró y vio su ropa toda desacomodada y ahora mojada además de su celular en su mano. – Llamame cuando estés mejor. – Ordené y me puse de pie
-          No, Malena. – Imploró, también poniéndose de pie, agarrándome del brazo. – Por favor, no me dejes. – Lo miré con cara de “¿Me estás cargando?” – Si, te necesito mucho, Malena.
-          Gonzalo, hace cinco minutos estabas en pedo y ni me reconocías. Anoche volviste con una mina, un gato como siempre, andá saber quien era y que hiciste con ella. ¿Ahora que estás mal me decís que me necesitas? No me jodas.
-          Puede ser, la verdad, no me acuerdo con quien volví, pero se que un gato no me traería a mi casa Male.
En ese momento, mi celular sonó. Era el mismo número desconocido que me había llamado antes.
-          ¿Hola?
-          ¡Por fin me atendés! – Exclamó la voz de una mujer.
-          Es que estaba con un temita…
-          Yo llevé a Gonzalo anoche. – Interrumpió. Yo puse en altavoz para que él pueda escuchar. – Yo te dije que estaba mal, boluda.
-          ¿Quién habla?
 Se escucharon muchos ruidos seguidos del corte de llamada.
-          Ah bueno. – Dijo Gonzalo y se sentó en la cama agarrándose la cabeza.
-          Admití que te mandaste una cagada, mal.
-          Malena, escuchame una cosa. Yo ya te dije todo lo que me pasaba, ¿Qué más querés que te diga? ¿Qué me acosté con una mina? Si querés te lo digo, porque parece que con eso quedarías conforme, pero no es verdad.
-          ¿Sabés que? Hacé lo que quieras, yo no te voy a ayudar más.
Cuando agarré el picaporte de la puerta, Gonzalo se paró atrás mío como para oponerse. Mi celular sonó en ese instante, era el mismo número desconocido.
-          ¿Sabés que? No me interesa ni quien sos ni como trajiste a Gonzalo ni que hicieron juntos, te podés meter tus explicaciones en el …
-          ¡EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEH! ¡Agresiva! ¿Qué te pasa loca, estás nerviosa? Jajajajaja. Yo llevé a Gonzalo anoche y no hicimos nada, tengo novio Mal, tranquila.
-          ¿Y entonces para que me llamás? – Pregunté totalmente fuera de mis cabales.
-          Malena, soy tu amiga ¡Como no te voy a avisar que llevé a tu novio totalmente en pedo a su casa! – En el fondo se escuchó la voz de un hombre “Boluda, estás llamando de mi celular, Male no lo tiene” – Uh, es verdad. ¿Male? Soy Euge.
-          Nooooooooooooooooooooooooooooooo. Dejate de joder boluda. Me peleé con Gonzalo culpa tuya. Jajajajaja.
-          Ay, ¿Posta? ¡Perdoname! ¡Soy una boluda! No me di cuenta que te estaba hablando del celu de Fer.
-          Gracias boluda, vos si que sos una amigaza – Dijo Gonzalo sarcásticamente.
-          Eu, vos no sos quien para decirme nada a mí, ¡Depresivo! Te re salvé anoche.
-          No, posta. Es verdad, gracias.
-          Mmm… muy bien, ahora te escucho más sincero. Perdón a vos Male.
-          No hay problema mi vida. Gracias a vos y a Fer.
-          De nada – Se escuchó en el fondo. – De nada mi amor. Después hablamos, beso.
Gonzalo me miró con una débil sonrisa, yo se la devolví.
-          ¿Estoy perdonado? – Preguntó con carita de perrito mojado. Yo sonreí picaronamente
-          Todavía hay temas que resolver.
-          Foooooooooo. Yo no sé nada más, te lo juro.
-          No, no lo sabés. Solamente te voy a contar. No te desmayes, jajajaja
-          No mi amor. Jajajajaja
-          Mia está en tu propia casa.
-          ¿¡QUÉ!?
-          Si, está o estaba no sé, abajo.
-          ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde?
-          Si, es verdad. ¿Por qué? No sé, estaba con tu hermano ¿Cuándo? Cuando yo subí ¿Dónde? Sentada en tu mismo living.
-          Guau. Bueno te cuento, estaba en el Facebook de mi hermano y él estaba chateando con una tal Mia Talerico que le puso que me quería conocer y que se yo. Por eso me quedé tan extrañado cuando me lo dijiste.
-          ¡AAAAAAAAAy! ¿O sea que fue todo un mal entendido?
-          Si, totalmente. – Lo abracé fuertemente y él se dispuso para besarme.
-          Eh, no para. Aunque te tiré agua, hace un rato estabas en pedo.
-          Es verdad… Culpa de todo este mal entendido.
-          Si… Pero bueno, ¿No te parece que tendrías que dormir un rato?
-          Me re parece. Pero no, antes tenemos que hacer algo. Pero, para eso, tenés que dejar que te bese.
-          Ay, está bien, acepto porque se que estás planeando alguna maldad. Jajajajaja. – Terminé de decir esto y me besó. No fue para nada desagradable ya que Gonzalo besaba bien todo el tiempo.
Se puso ropa más cómoda, de entre casa, y yo lo miraba mientras lo hacía.
-          Es taaaaaan divino, tiene un cuerpo re trabajado. – Pensé.
-          Seguime, yo no sé donde está la tal Mia, pero lo voy a averiguar.
Lo seguí saliendo de la habitación, hasta el pasillo. Arriba, aún, sin bajar las escaleras ya se podía ver el living donde estaban Lautaro y Mia, sentados en el sillón, hablando. Ella parecía aburrida porque cada cosa que él le decía asentía y miraba hacia otro lado. Yo le calculaba unos 20 años, parecía bastante grande.
Gonzalo había empezado a bajar lentamente, entonces lo seguí, cuando terminamos de bajar, me subió a sus hombros y comenzó a correr hacia la cocina.
-          Laaaaauti. ¿Todo bien? – La cara de disgusto de Mia pasó a ser de asombro cuando vio a Gonza.
-          Si, ¿Ustedes?
-          También – Dije yo y miré a Gonzalo interesantemente.
-          ¿Ella es? – Preguntó Gonzalo haciéndose el desentendido.
-          Mia soy, Mia.
-          Ah… Bueno… Hola “Mia” ¿Vamos amor?
-          Vos me llevas – Dije sonriendo picaronamente.
Volvimos a la cocina, entramos y Gonza cerró la puerta tras él, bajándome.
-          Ahí tiene. Espero que no joda más.
-          No te hizo nada, boludo. Jajajajaja.
-          No, pero igual, a Euge si.
-          Pero la culpa la tiene Fernando.
-          Si, puede ser
-          Y… ¿Para que querías que te deje besarme?
-          Para nada, es que tenía ganas. Jajajajaja.
-          Ah, bueno, me chantajeaste – Dije enarcando una ceja.
-          Si jajajaja. Pero te gustó.
-          Me encantó – Admití y lo volví a besar.
-          Te amo muchísimo a vos y sólo a vos, jamás lo dudes.
-          Yo también y tampoco lo dudes. – Respondí.
En ese momento vi a Mia con los ojos abiertos como platos en la puerta de la cocina.

3 comentarios:

  1. Awww que lindo <3 mucho amor en esta nove, aunque tienen que pasar mas cosas no? Ya llevan mucho de novios estos chicos.

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  2. Me encanto,Me encanto,Me encanto ♥ Esta buenisimo! Ya Quiero leer el proximo! Amo esta historia! :) Sos una capa Male! Un beso! :)

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  3. Ahiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii morí!!!!!!!!!! Osea. Amé a Gonzalo borrachito, yo me re aprovecharia :P JAJAJ Y esa al Mia ¬¬ Ahi tiene por turra (?) jjaja La nove: G E N I A L, como siempre :)
    Besitos y suerte :D

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