sábado, 28 de mayo de 2011

Capitulo once "Sin caretas"

-          Vos sos la de Tincho. – Cande abrió los ojos grandes como platos.
-          ¿Eh? ¿Cómo sabés? – Yo miraba desconcertada como se miraban con extrañeza mi amiga y mi novio.
-          ¿Qué pasa acá? ¡No entiendo nada!
-          Ella es la que estuvo con…
-          ¡¡CALLATE!! – Ordenó Candela
-          Tranquilizate, si no querés no digo nada. – Se encogió Gonzalo.
-          Eu, no, ahora me cuentan.
-          Uf. Yo te iba a contar Male, pero no me animé. – Admitió por fin mi amiga.
-          ¿Me ibas a contar que?
-          Que salí con Martín
-          ¿Qué Martín?
-          Demichelis
-          Tu sueño
-          Mi sueño
-          ¿Cuándo?
-          El último fin de semana de las vacaciones – Dijo y arrugó las cejas
-          ¿Y vos como sabías? – Pregunté
-          Martín es mi amigo, me cuenta todo. –Respondió Gonzalo
-          Pero vive en Alemania
-          Existe el teléfono. Vos también hablas con Juli y vive en Argentina
-          Yo no lo puedo creer… - Dije mientras me sentaba en uno de los sillones. Candela y Gonzalo me miraban desconcertados. – ¡Los dos me lo ocultaron!
-          Yo que sabía que tú amiga Candela era la misma Candela que estuvo con micho.
-          Yo te lo iba a contar, te juro. Pero no nos vimos más.
-          Candela, yo te conté desde el principio lo de Gonza.
-          No nos vimos más, Male, ¡Me tenés que creer!
-          Si te creo, pero me dio bronca que no me hayas contado, podías venir a mi casa. Aparte, igual, ¡Lo más importante es que cumpliste tu sueño!
-          En parte. – Admitió mi amiga
-          Fue un touch and go – Admitió Gonzalo
-          ¡Callate idiota!
-          ¿Fue eso? – Pregunté indignada
-          Más o menos, es que yo cuando lo vi me quedé re emocionada y fui y lo encaré de una. Yo estaba media tomada y bueno… él aprovechó la situación.
-          Ay, que hijo de puta.
-          Mirá que quedó maravillado con vos ¿Eh?
-          Gonzalo, mejor sería que te calles…
-          Pero el se quedó loco por vos después me dijo que intentó llamarte, porque se acordaba de todo pero tenía mal tu número.
-          ¿¡ENSERIO!? – Preguntó ella extrañada
-          Si boluda.
-          ¡NOOOOOO! ¡LO ESTUVE PUTEANDO TODA LA SEMANA PORQUE NO ME LLAMABA!
-          ¡Te paso bien el número si querés pero calmate!
-          Dale.
-          Bueno, es 1564785453
-          Ay, gracias Gonzalo, para algo servís. – Yo enarqué una ceja. – Bueno, y para ser el novio de Male.
-          ¿Lo vas a llamar Cande? – Pregunté extrañada.
-          No sé. ¿Lo llamo?
-          Ni ahí, quedarías como una desesperada. – Negó Gonzalo.
-          Idiota, ¡Vos me dijiste que el estuvo tratando de comunicarse conmigo!
-          Si, pero igual, como que no da.
-          ¿Y si lo llamás vos?
-          ¿Y que le digo?
-          ¡Que sabés mi número!
-          Y pero ahora debe estar con Eva y con Bastian.
-          Que me importa, llamalo.
-          Bueno… - Marcó el número en su Blackberry y llamó a Martín en altavoz.
-          ¿Hola Micho? Habla Gonza.
-          Gonza, ¿todo bien?
-          Bien, bien, ¿vos?
-          Bien también,
-          Escuchame, ¿te acordás de Candela?
-          Como no me voy a acordar, por diossssssssss. – Ella se mordió el labio inferior.
-          Bueno, tengo su número bien.
-          ¿Enserio? ¿Cómo lo conseguiste? ¿Volviste a las andanzas? ¿No estabas con Malena? – Yo crucé los brazos.
-          No, jajajaja, que mal pensado, resulta ser que Candela es de España y es vecina de Male, son amigas.
-          ¿¡AMIGAS!?
-          Si…
-          Ósea que Malena sabe… eso…
-          Si, se eso, pero no te preocupes Martín, se muchos secretos de andanzas de jugadores, estoy acostumbrada.
-          Es que contarle los secretos a alguien que ni conozco…
-          Bueno, pero yo se que Eze Garay estuvo con gemelas una noche y casi termina en el hospital jajajaja. – Todos comenzamos a reír y Candela abrió los ojos como platos.
-          Entonces, si los sabés guardar bien jajajaja
-          Re bien, pero no podés… ¡Sos un hombre de familia!
-          ¿Te pensás que no soy cornudo? Ni sé si Bastian es mi hijo.
-          Fo, ¿Todos en este mundo son cornudos consientes? – Todos se quedaron en silencio sin comprender de que hablaba. – Oh, yo me entiendo.
-          Pasame el número, cuando Evangelina se valla la llamo. – Él le pasó el número y se despidió.
-          Odio ser la segunda opción.
-          Así se empieza. – Dije y miré a Gonzalo, él se encogió de hombros  y afirmó
-          Ustedes las botineras son más locas.
-          Vos tenés un concepto equivocado de BOTINERAS, Gonza.
-          ¿Por?
-          Porque las botineras serían las mujeres que están con los futbolistas por la plata no porque los quieren y a mi me encanta Martín y Malena está perdidamente enamorada de vos. – Yo sonreí de lado y me tiró la herida del labio, entonces me agarré la boca.
Gonzalo y Candela se asustaron pero luego les dije que no pasaba nada. Después merendamos todos juntos hablando, sin señales de Martín. Yo llamé a Juli y le conté lo ocurrido, ella me compadeció y deseó que me componga. Lo mismo hice con Euge que me dijo que mañana cuando yo salga del colegio vendría a verme con Fernando.
Cuando eran las 20:35 Cande se fue a su casa y prometió llamarme después de que Martín la llame. Gonzalo se fue alrededor de las 21:00 prometiendo volver mañana para vernos y deseándome un feliz comienzo de semana, nuevamente. Mamá y Román llegaron un rato antes de que Gonzalo se vaya y otra vez me trataron como una reina e hicieron todo lo que yo les pedí. Hasta cené mirando televisión en el living, después subí, acomodé todas mis cosas y me fui a dormir para volver a recargar energías ya que me esperaba la primera semana completa de clases y me tenía que poner al día con todo.
Al otro día mamá me llamó a las 7:00, me cambié y partí al colegio. Allí me encontré con Anto y le conté todo lo que me había pasado, excepto que no le dije que estaba saliendo de lo de Gonzalo.
-          Ay, Male, ¿Asique Javier el chico que te rescató? – Preguntó agitando las cejas
-          Jajajaja, si, era lindo. – El decir esto me hizo pensar, Javier si era lindo, en el momento estaba tan asustada que ni logré mirarlo bien.
-          Pero no más que Gonzalo ¿O si? – Pareció que leyó mis pensamientos.
-          Jajajajaja, no.
-          ¡No sabés! El otro día vi en intrusos que tenía noviaaaaa.
-          ¿Quién será? – No estaba lista para contarle nada.
-          No se, porque iban a pasar imágenes pero justo llegó mi mamá y como a ella no le guste que mire esos programas tuve que apagar.
-          Igual, debe tener más andanzas…
-          Puede ser. – Sonó el timbre de entrada. - ¿Vamos? – Preguntó Anto, me agarró del brazo y nos dirigimos al salón de clases.
Tuvimos clase de historia y me resultaba bastante fácil ya que me interesaba la materia. Cuando volvió a tocar el timbre salimos al recreo y Anto fue directamente a la cafetería. Yo le dije que me espere allí porque me quedé a acomodar unas cosas en mi carpeta sentada en mi banco, pero en ese momento llegó Victoria y su grupo de clones.
-          Nuevita, ¿Cómo estás? – Dijo sarcásticamente. Yo levanté mi vista y sin darles importancia la volví a bajar.
-          Muy bien, ¿Por qué? No creo que ustedes tengan la buena onda como para preguntarle eso a alguien “nuevo”
-          A bueno… Vos si que tenés personalidad y no sabés quien soy. – Yo terminé y me puse de pie frente a ellas.
-          Mmm… ¿Una chica que se cree más de lo que es? – Pregunté sarcásticamente mirándola de pies a cabeza. Ella abrió la boca sorprendida. – Cuidado, puede haber moscas. – Dije y me fui. Mi papel de chica interesante con ganas de bajarle un cambio a estas chicas me estaba saliendo a la perfección.
Me fui directamente a la cafetería donde me esperaba Antonela en una mesa vacía. Yo no tenía hambre aún asique me senté y saqué mi Ipod de mi morral.
-          Male, ¿No vas a comer?
-          No, no tengo hambre…. Anto, recién estuve con Victoria y ellas. – Ella casi se atraganta con el sándwich que comía.
-          ¿¡QUE!? ¿Qué te dijeron?
-          Nada, hablaron irónicamente como siempre.
-          ¿Quedaste con la última palabra?
-          Totalmente, jajajaja.
-          Genial – Dijo sonriendo.
-          Anto, esta tarde… ¿Tenés algo que hacer después de gimnasia?
-          Nunca tengo nada que hacer, más que inglés, pero tengo mañana.
-          ¡Que bien! ¿Querés venir a mi casa? Van a venir mis amigas Cande y Euge.
-          ¡Me encantaría!
Después nos pusimos a hablar de otra cosa hasta que volvimos a clases y pasó el resto de la mañana.
Cuando llegué a mi casa me cambié como para ir a clase de gimnasia, que siempre odié desde que era chiquita, jamás supe la razón de este odio, pero existía. Comí algo liviano y mamá me llevó al colegio nuevamente, lamentablemente y como era planeado estaban practicando vóley, en el que me iba pésimo, pero algo de suerte si tenía. Victoria y sus demás clones estaban en la otra clase con la otra profesora.
Pude observar que a Anto también le iba mal en vóley y que la profesora tenía un odio especial hacia ella. Al terminar la clase, Antonela me dijo que iba a su casa a cambiarse y después volvía a la mía. Yo terminé muy cansada por lo cual cuando llegué a casa me bañé y me puse una musculosa color salmón, un pañuelo lila, celeste y rosa en el cuello y un short de jean corto con chatitas blancas.
Bajé y preparé algunas galletitas para cuando llegaran las chicas, iba a ser algo muy especial, iban a estar todas las amigas que tengo desde que llegué a España y hoy se iban a conocer.
La primera fue Candela, tocó timbre y yo corrí a atender porque sabía que me tenía que contar lo de Martín antes de que lleguen las demás.
-          ¡Mi amor! ¿Cómo estás?
-          ¡Can! Yo bien, ¿Vos? Sabés a que me refiero con el vos – E hice una sonrisa picarona.
-          Si… sé… - Miró el piso - ¡ME LLAMO MALE! ¡ME LLAMO!
-          Ai, ¡Que divino! ¿Qué te dijo?
-          Nada, que quiere que nos encontremos otra vez y que… ¡Este finde capaz que venga a Madrid! – En ese momento sonó el timbre nuevamente.
-          ¡Eso es genial, amiga!
-          ¡Súper genial! – Yo fui a atender y era Anto. Estaba re linda, no se había puesto una de sus tradicionales vinchas, sino que había dejado su pelo completamente suelto.
-          Bueno, Anto, ella es Candela, es mi vecina y amiga confidente jajajaja. Cande ella es Anto mi compañera del cole y amiga.
-          ¡Hola! – Se dieron un saludo con un beso.
-          Falta Euge y estamos todas.
-          Yo no conozco a Euge – Dijo Cande
-          Yo tampoco – Agregó Anto
-          Ya la van a conocer, les va a re encantar. – Las dos rieron y yo fui a la cocina a buscar las galletitas.
Por la ventana vi que Euge estaba llegando en la camioneta dorada con Fernando… ¡FERNANDO! ¡Había olvidado que Euge venía con Fer! 

jueves, 26 de mayo de 2011

Capitulo diez. "Que nadie se entere"

Abrí pesadamente los ojos y desperté. Estaba en una cama con sábanas blancas, que no eran las de mi habitación, miré a mí alrededor y era una habitación completamente monótona, blanca perfectamente limpia. Solo había en un rincón una mesa con una jarra reluciente de agua y un vaso. A la izquierda de la cama había una silla donde estaba el chico más lindo que había visto en toda mi vida durmiendo como un ángel. Me dio mucha ternura verlo así, entonces me quedé observándolo por un largo tiempo.
Él comenzó a abrir los ojos lentamente.
-          ¿Para que estoy acá? ¿Para que mi novio se duerma y no me cuide? Así no.
-          ¡Mi vida! – Me dio un beso en la frente. - ¡Te despertaste! ¿Cómo estás? – Dijo adormecido todavía, mientras se estiraba.
-          Realmente no siento nada.  
-          Es normal.
-          ¿Por?
-          Porque hace casi un mes que estabas dormida
-          ¿¿¡¡ENSERIO!!??
-          No jajajaja.
-          Enserio boludo. Jajajaja
-          Harán dos horas más o menos.
-          ¿Qué hora es?
-          Once y media.
-          ¿Y ya dormías?
-          Es que cuando te fuiste me acosté pero no me pude dormir…
Anteriormente… (Narra Gonzalo)
Estaba acostado mirando el techo, pensando en Malena como siempre, cuando escuché que sonaba el teléfono abajo y nadie iba a atender. Mamá estaba en el taller, Lautaro había salido con “Mia” y papá estaba en una reunión, corrí lo más rápido que pude pero cuando llegué mamá había contestado.
Estaba por volver a subir pero escuché que mamá dijo:
-          ¿A Malena? Ay, por dios.
-          ¿Qué pasó? – Salté del primer escalón hasta la mesita del teléfono.
-          ¿En ambulancia?
-          ¿Malena? ¿Ambulancia?
-          ¿A dónde? ¿A la clínica San Isidro?
-          ¿Malena? ¿Ambulancia? ¿Clínica?
-          ¡Gonzalo callate, entre vos que me hablas y Patri que llora no entiendo nada! – Ordenó tapando el teléfono con la mano. Volvió a ponérselo en el oído, escuchó algo y se lamentó. - Ay, pobrecita, mi vida. Gracias Patri, ¡Vamos para allá con Gonza!
-          ¿Malena? ¿Ambulancia? ¿Clínica? ¿A dónde vamos? – Me imaginé lo peor.
-          Aflojale a las preguntas y ponete un pantalón por dios. – Estaba en calzoncillos -  Dale, ¡Te espero en el auto!
Corrí con todas mis fuerzas arriba, me puse un pantalón de buzo que encontré tirado, una remera blanca que también estaba tirada, agarré un par de botines en la mano y volví a correr hacia abajo, descalzo. En la escalera me lo encontré a Lautaro, corrí tan fuerte que ni lo vi, lo choqué y casi lo hago caer.
-          ¡Eh! ¡Para, loco de mierda! ¿Qué pasó?
-          Malena, ambulancia, clínica
-          ¿¡EH!?
Volví a correr al auto y ahí estaba mamá esperándome. Ella arrancó rápidamente rumbo a la clínica y yo sin recuperar el aliento aún, pregunté:
-          ¿Qué le pasó a Malena, mamá?
-          Primero tranquilizate un poco hijo. – Yo di un largo suspiro para recuperar el aliento. – Bueno, a Male la asaltaron.
-          ¿Eh? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Quiénes o quién fue el hijo de puta?
-          Gonzalo, tranquilizate te dije. Cuando salió de casa, se fue caminando hasta el centro y ahí fue. Un hombre vio la escena y la llevó de nuevo a su casa. Dice Patri que estaba pálida y helada, ella le dio un chocolate caliente y se abrigó pero al rato se desmayó y la llevaron a la clínica.
-          ¡No te lo puedo creer! ¡Yo soy el pelotudo! ¡Yo la tendría que haber acompañado!
-          Bueno Gonza, tranquilo. Male ya está bien, está en observación, fue un bajón de presión por el susto nomás.
-          Si querés que me tranquilice andá más fuerte y dejate de joder que quiero ver a Malena ya.
-          ¡Gonzalo! ¡Hablame bien! – Ordenó mamá.
Levanté las piernas y me puse las rodillas cerca de mi tronco en el asiento del acompañante del auto de mi mamá.
-          ¡Seguro que parecías un nene chiquito! Que te juego que hiciste pucherito y todo Jajajajaja, ¡Pagaría lo que fuera para ver tu cara! – Interrumpió Male
-          Shhh… Callate y dejame terminar.
Apenas llegamos a la clínica, le pregunté a la chica de la entrada por Malena y corrí hacia la habitación que me indicó. Allí encontré a Patri y a Román sentados en la sala de espera.
-          ¿Cómo está?
-          Dormida – Dijo Patri entre sollozos. Yo abrí mis ojos grandes y Román me miró agitando la cabeza lentamente.
-          Es una exagerada, le pusieron tranquilizantes porque estaba muy nerviosa y le tenían que hacer análisis.
-          ¿Puedo verla?
-          Nosotros no podemos, pero como vos sos Gonzal…
-          Está bien, ya entendí. – Sabía que iba a decir “Gonzalo Higuaín” el que por ser famoso todo lo puede. Odio eso.
-          Perdón.
En ese momento una enfermera salió del consultorio y dijo:
-          Está diciendo Gonzalo, de dormida. – Mirando la tabla que llevaba.
-          Soy yo.
-          ¿Gonzalo? Entrá. – Al levantar la vista casi se cae. – ¡Ah! Gonzalo.
-          Si.
-          ¿Gonzalo? ¿Gonzalo Higuaín?
-          Eh… si… ¿No conoce otro Gonzalo no? – Pregunté falsamente a Román y Patricia. A Román se le escapó una carcajada y Patri comenzó a reír fuertemente.
-          ¡SILENCIO! – Dijeron las enfermeras del final del pasillo.
-          ¡Tranquilas! Bueno, entonces, ¿Puedo entrar?
-          Eh… si… obvio…
Entré a la habitación y vi a Malena dormida pero se movía bruscamente y repetía mi nombre. Le di un beso en la frente y se calmó. Me senté en la silla a su lado, siempre echándome la culpa de todo, muy mal hasta que me dormí.
(Vuelve a narrar Malena)
-          ¿¡LA ENFERMERA SE BABEÓ POR VOS!?
-          Jajajaja, tranquilizate. ¡Hasta internada sos tremenda!
-          ¡Las enfermeras son tremendas que tratan mal a la internada! – Exclamé cruzando los brazos y haciendo pucherito
-          ¡Mi amor! ¡Basta porque me dan ganas de romperte la boca de un beso y no puedo!
-          ¡A mi también Gonzalo! Y no fue tu culpa que me asaltaran. Igual… ¿Cuándo me puedo ir?
-          No se, habría que preguntarle a los doctores. – En ese momento vi a mamá y a Román espiando por el costadito de la puerta. - ¡Pasen!
Vi que mamá tenía los ojos rojos y surcos en la cara de tanto llorar y me preocupé bastante.
-          Mi amor, ¿Cómo estás? ¿Te sentís mejor?
-          Si mamá, no siento nada. Ósea, estoy normal.
-          Ay, mi vida, te amo, te amo, te amo. – Comenzó a darme besos en la frente.
-          Yo… yo también… Ma… mamá… me estás asfixiando…
-          Ay, perdón mi amor. – Dijo alejándose. – Es que estoy taaaaaan feliz.
-          Bueno, bueno, tranquila.
-          ¿Asique estás mejor, linda? – Preguntó el novio de mamá.
-          Si, si, gracias Román. ¿Cuándo me puedo ir?
-          Ahora mismo si querés. – Afirmó el médico que acababa de entrar.
-          Gracias J
-          Los tutores, acompáñenme. – Mamá y Román se fueron de la habitación y nuevamente quedé sola con Gonzalo.
-          Estamos solos. – Dijo agitando las cejas.
-          No me tenés compasión ni cuando estoy internada ¡Por dios!
-          Si vos supieras todo lo que sufrí por vos, mi vida.
-          Ai, sos un tierno. Te besaría pero a mi misma me da asco mi labio. – Me miré en espejo del baño de la habitación. – Que hijo de puta.
-          Son enferrrmos Male. ¿Qué querés hacerle? – Yo reí de cómo resaltó la R en enfermos.
-          Gon, ¿Por qué mi mamá lloraba tanto? – Mientras me ponía mi jean.
-          Porque estaba preocupada.
-          Ai, ni que me fuera a morir. – Él se encogió de hombros y siguió guardando mi ropa sucia de leche con chocolate en un bolso mientras yo pensaba todo lo que significaba para mi mamá. Realmente era la única persona de su sangre que estaba aún con ella y su única hija.
Cuando llegamos a casa todos me trataron como una reina, como si no podría caminar, Gonzalo me llevó a mi habitación, yo me acosté y mamá y Román se despidieron pero ninguno de los dos dijo nada sobre la presencia de Gonza.
-          Quedate conmigo. Por favor.
-          Siempre mi amor. – Aseguró y se acostó a mi lado. Yo estaba cansadísima y me habían pasado muchas cosas hoy.
Me desperté con unos lengüetazos en mi cara, era Teo. Busqué a Gonzalo en mi cuarto y no lo encontré, me asusté un poco entonces me incorporé rápidamente, me peiné y me hice uno de mis rodetes al azar. Miré el reloj y eran las 10:30, había dormido bastante. En el momento que intenté abrir la puerta, Gonzalo la abrió primero y apareció con un desayuno gigante.
-          Ay, ¡Me muero! ¡Sos un tierno Gonzalo!
-          Gracias, gracias. – Agradeció falsamente como tirando besos a una “tribuna”
-          Jajajajaja, siempre tan estúpido. – Dije y le di un beso en la mejilla.
-          Y vos siempre tan sarcástica – Y entrecerró los ojos, mordiéndose el labio inferior.
-          Te amo, te amo, te amo.
-          ¡Nunca querés pelear! – Exclamó y dejó la bandeja del desayuno sobre mi tocador. Yo me miré al espejo y vi que mi labio se había hinchado un poco pero ya se estaba sanando la herida. - ¿Estás bien? – Preguntó porque yo había puesto cara de preocupada y me agarró de la cintura dándome vuelta atrayéndome hacia él, poniendo mi cara, casi sobre la suya.
-          Algo. Tengo el labio re hinchado todavía.
-          Yo te lo deshincho.
-          ¡GONZALO!
-          Dale, dale – Rogó haciendo pucherito.
-          ¡Gonzalo…!
-          ¿Por…?
-          Ni se te ocurra
-          Mmm… - Levantó una ceja e hizo una sonrisa de costado.
-          Gon… - No me dejó terminar que ya me había besado. Fue un beso suave y muy reconfortante porque extrañaba mucho besarlo.
-          ¿Viste?
-          Sabía que lo ibas a hacer
-          Perdoname, es que no me resisto a tus encantos, Mal
-          Idiota, idiota, muy idiota.
-          Shh, calladita sos más linda.  – Lo miré con los ojos entrecerrados y me agaché a acariciar a Teo que estaba ahí, esperando a que yo le dé bolilla.
Desayunamos los dos juntos, hablando entusiasmadamente.
-          ¡Me voy a cambiar! – Él se sentó en mi cama y cruzó las piernas y los brazos. – Ni pienses que acá.- Agachó la cabeza. – Sos tremendo, chau. – Busqué la muda de ropa, que consistía en una remera blanca que decía PLASTIC GIRL con brillitos, una pollera de jean y chatitas blancas con brillitos, que ya tenía preparada, fui al baño, me la puse y volví a mi habitación.
Volvimos a bajar y yo encendí la televisión. Gonzalo fue a acomodar la bandeja y yo me senté en el sillón. Cuando él llegó se acurrucó en el sillón contra mí y yo apoyé mi cabeza en su hombro.
Estuvimos un rato así hasta que comimos un almuerzo que encargamos en el delivery, y después de comer, volvimos al sillón a mirar televisión. En un momento mientras hacíamos esto sonó el timbre. Antes de abrir observé por la mirilla de la puerta y vi que era Cande.
-          ¡Cande!
-          ¡Male! ¿Cómo estás mi amor? ¡Tu mamá me contó lo que te pasó, hoy antes de irse!
-          Si, si, estoy bastante mejor. Anoche si que estuve mal.
-          Uh, bueno, mejor si estás bien.
-          Can, te tengo que presentar a alguien.
-          ¡Jodeme que está acá!
-          Si, jajajaja.
Gonzalo estaba haciendo zapping en el sillón, al vernos se incorporó extrañado.
-          Gonza, ella es Cande, mi amiga que te conté.
-          ¿Candela?
-          Gonzalo, ¿Todo bien?
-          Si pero… vos sos… - Gonzalo parecía realmente extrañado.