Caminaba de un lado a otro, no me podía quedar quieta. Sentía que no me podía mantener parada, entonces caminaba, rápidamente, desde el final del pasillo hasta el principio, y viceversa, una y otra vez.
- Malena, se te van a salir las piernas, pará un poco.
- Me voy a morir, Ju.
- Ay, tranquilizate un poco, ¿Si? Va a estar todo bien
- Pero no me dijeron nada los médicos Juli, ¿No viste que los médicos en las películas cuando no dicen nada es porque están muy mal?
- Ay, Malena, aflojale a la televisión y tranquilizate. – Me senté a su lado y las lágrimas estaban comenzando a brotar de mis ojos, pero gracias a dios, en ese momento llegó Román.
- ¿¡Dónde está!? – Preguntó desaforado.
- En observación, con los médicos.
- ¿Qué te dijeron?
- Todavía nada, pero tengo miedo por mi hermanito, Román.
- Tranquila Male, no le va a pasar nada – Dijo positivo, mientras me abrazaba.
- ¿La familia de la señora embarazada? – Preguntó un médico, mirando hacia todos lados.
- ¡Nosotros! – Dijimos con Román a unísono y Juli levantó la cabeza, cansada.
- Tuvo muchísima suerte, perdió mucha sangre y…
- ¡El diagnostico por favor! ¿Cómo está mi mujer?
- Tranquilo señor, pudimos salvar a ambos, pero todavía está en terapia intensiva. La paciente tuvo pérdidas de sangre, por el embarazo a esta edad, ¿Qué edad tiene?
- Va a cumplir cuarenta – Respondí horrorizada. Él asintió como dándose la razón.
- Va a ser complicado…
- ¿La puedo ver?
- Imposible, cuando mejore se va a poder ver, permiso.
- Ay, dios. – Dije y volví a sentarme, estaba comenzando a marearme.
- Tranquilizate mi amor, va a salir todo bien, están los dos o las dos fuera de peligro. Todavía les tengo que avisar a mis viejos, ¿Necesitás que le avise a alguien más? – Rápidamente se me vino Gonzalo a la mente, el siempre me ayudaba en los momentos difíciles, y más si se trataba del embarazo de mamá. Pero ahora estábamos distanciados y no me animaba a hacerlo. Me limité a sacudir la cabeza. – Le voy a avisar a Nancy y Carola. – Sacó su celular y se fue por el pasillo.
- ¿A Nancy? – Preguntó Juli desconcertada.
- Si, son extremadamente amigas, para mi desgracia.
- ¿Las chicas saben que tu mamá está embarazada?
- Ay, no sé, capaz que me olvidé de contarles, tengo la cabeza en cualquier lado
- No, no lo saben.
- ¡AAAAAAAAAI! Son muchos problemas para mí.
Narra Gonzalo
- ¡Amor, levantate! ¡Dale Gonzalo, hace toda la tarde que estás durmiendo! – Gritó Nancy desde abajo. Di media vuelta en la cama y me levanté de un salto, miré la hora y eran las 20:42 - ¡Gonzalo! Dale. –Dijo mientras se asomaba en la puerta.
- No quiero, no puedo.
- Gonza, dale, dejá de pensar en Malena ¿Si?
- Repito, no quiero, no puedo.
- Ay, los jóvenes de ahora, como sufren por amor. – Dijo, frustrada y salió. Yo fui hasta mi armario y me puse ropa deportiva, bajé y ya se estaba haciendo de noche. Salí al jardín y comencé a hacer jueguito con una pelota, hasta que sonó el teléfono. Corrí hasta él, ya que mi mamá estaba en la cocina y el resto de la familia no estaba.
- ¿Hola?
- ¿Gonzalo?
- Si, ¿Quién habla?
- Román. Perdoname que llame a esta hora pero Patricia está internada, estuvo a punto de perder al bebé, pero ya están ambos fuera de peligro.
- ¿¡QUÉ!?
- Si, avisale a Nancy si podés, gracias.
- Está bien, ya le digo y vamos para allá. – Corté. - ¡MAAAAAAAMÁ!
- ¿Qué pasa Gon?
- Patri está por perder el bebé, está internada
- Oh, por dios.- Corrí al garaje y me subí a mi auto lo más rápido que pude, mi mamá hizo lo mismo y así, los dos fuimos al hospital lo más rápido que pudimos.
- ¿Qué pasó? – Pregunté desaforado después de encontrar el pasillo donde estaban. El hecho de ver a Malena destruida hizo que me estremezca, la amaba aún más que antes de pelearnos, verla frágil era mi peor debilidad. Ella al verme se paró y me envolvió en un fuerte abrazo.
- Mi mamá casi pierde el bebé – Respondió con lágrimas en los ojos. Mi mamá se sorprendió y corrió a abrazar a Román, que lloraba desconsolado acompañado por Juli.
- Va a estar todo bien – Dije positivo y le acaricié el pelo, cosa que extrañaba.
- Eso espero…- Agregó no tan esperanzada. Nos separamos al instante y estuvimos un rato sentados en silencio y mamá comentó:
- Gon, vos si querés andá a casa, es tarde y mañana tenés que entrenar. – Yo asentí, aunque prefería quedarme aquí, cedí.
- Me voy, mañana en cuanto pueda me doy una vuelta – Román asintió mientras sonreía débilmente. Malena me acompañó hasta el ascensor y comenzó a bajar conmigo diciendo que iba a comprar algo para comer.
En ese momento, se oyó una explosión y el ascensor se paró.